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Capistrano

2013, Ciudad de México

Dos volúmenes perpendiculares entre sí, situados uno sobre otro, permiten la articulación necesaria para que cada una de las distintas dependencias tenga el nivel de exposición que se pretende lograr. La geometría se convierte en la herramienta clave para el correcto acomodo de las áreas públicas y las privadas, organizando las circulaciones y la relación con el contexto gracias a la liberación de los perímetros. La sala común, en el volumen ligero, pierde la definición del borde en su relación con el exterior extendiendo las visuales en el paisaje, sin perder la sensación de confort y recogimiento otorgada por la nobleza de los materiales.

El ritmo concreto y preciso, logrado a través de la modulación de las cancelerías, aporta un dinamismo al volumen ligero que contrasta con lo masivo y sólido del cuerpo de acceso. Fragmentación frente a continuidad. La relación entre los dos cuerpos no funciona de forma independiente, sino que cada uno necesita del otro; la cubierta vegetal del volumen bajo, por ejemplo, funciona como jardín del dormitorio en el nivel superior del otro volumen. Dos partes que funcionan como un todo.

Créditos

Arquitectura: Bernardo Quinzaños, Ignacio Urquiza

Colaboradores: Aida Hurtado, Carolina Almeida, Tadeo Franco, Alejandro Cruz Robles

Constructor: Factor Eficiencia

Paisaje: Bibiana Davó

Estructural e Ingenierías: Adán Salazar

Fotografía: Onnis Luque

Premios y publicaciones

XIV Bienal de Arquitectura Mexicana
Mención Honorífica en la categoría 'Vivienda Unifamiliar'
2016, Ciudad de México