
Shala se contempla como un espacio para albergar experiencias transformadoras: meditaciones, ceremonias, encuentros introspectivos y prácticas sensoriales capaces de expandir la percepción. Frente a un programa abierto y diverso, la arquitectura evita imponer una simbología específica y se plantea como un contenedor ecuménico: neutral, disponible y profundamente atmosférico.
Su origen conceptual parte de la matemática y la geometría sagrada. El número 12 organiza el proyecto y da forma a un dodecaedro orientado con precisión hacia los ejes cardinales y el campo magnético de la Tierra. La estructura se despliega en doce gajos triangulados que resuelven simultáneamente estabilidad, eficiencia y expresión espacial.
Construido en madera de pino nacional trabajada artesanalmente, Shala se experimenta como el interior de un instrumento: una envolvente donde geometría, materia y sonido construyen una atmósfera inmersiva. La cubierta refuerza su carácter escultórico mediante un ritmo continuo de inclinaciones que activa la percepción del volumen.
Más que un edificio para una práctica específica, Shala es una arquitectura abierta a múltiples formas de conocimiento, introspección y transformación. Un espacio donde la precisión geométrica y la experiencia espiritual convergen para elevar el cuerpo, la mente y el espíritu a través del espacio construido.
Arquitectura: Bernardo Quinzaños
Colaboradores: Santiago Vélez, Begoña Manzano, Andrés Suárez, Victor Zuñiga.
Estructura de Madera: MICMAC.